La Virgen de Guadalupe y Sevilla: reflexiones de una historia de amor

12 01 2010

Desde hace treinta años, decir entre los ubetenses que vivimos en Sevilla, Guadalupe, es vincular esta hermosa advocación de la Virgen María, con parte de nuestra propia vida y como no, con la ciudad, que un día lejano, nos acogió a todos.

Desde entonces, ¡cuántos esfuerzos y sufrimientos!, ¡cuántos anhelos y esperanzas!, ¡cuántos proyectos y planes de futuro para la Hermandad!

En una etapa difícil, de innumerables cambios sociales y políticos, como fue la década que comenzaba en 1970, emergió la devoción a la patrona de Úbeda en la ciudad mariana por excelencia: Sevilla, maestra de las formas y la mesura. Como estrella, camino y guía de aquellos devotos ubetenses –algunos de ellos de recuerdo imperecedero, tristemente desaparecidos- siempre brillaba, Guadalupe.

Resumir en estas líneas todo lo acontecido en el pasado hasta llegar al presente inmediato de la Hermandad, es cosa ardua, pero sirvan de muestra algunos datos reveladores que denotan que esta Cofradía ha estado desde el principio –y lo sigue estando- muy viva. Recordamos los tres cambios consecutivos de sedes en los primeros años, hasta encontrar definitivamente la actual, nuestra querida Iglesia de la Misericordia; la interminable etapa tras varios proyectos de Reglas –y un dilatado tiempo de espera, todo sea dicho- para conseguir del Arzobispado hispalense, la aprobación de las vigentes Reglas, alcanzando así el título de Hermandad, tan añorado en una Archidiócesis que ya se acerca a las mil Hermandades; formar parte de la nómina del Consejo General de Hermandades y Cofradías y participar como colectivo en las ceremonias y actividades institucionales de la Ciudad. En definitiva, hacernos un hueco –que no ha sido tarea fácil- en el seno cofrade sevillano. Si a lo anterior, le añadimos las tres históricas salidas procesionales de 1995, 2000 y 2005, vemos como decía más arriba que nuestra Hermandad ha demostrado no sólo una vitalidad importante, sino un dinamismo y madurez consolidada a la hora de afrontar estos proyectos.

Todo ello, gracias a todos los que con su esfuerzo, trabajo, dedicación y cariño han dado y dan, lo mejor a la Hermandad, jóvenes y mayores, que personifico en mis predecesores en el cargo, que dignamente supieron cumplir con la misión que se les encomendaba. Actualmente, y tras el último Cabildo de Elecciones celebrado en noviembre del pasado año 2007, tengo el inmenso honor de ser la cabeza visible de la Hermandad y continuar el legado vocacional, artístico e histórico heredado; así como la responsabilidad que supone encabezar una Junta de Gobierno.

En el momento actual y con los objetivos para el futuro, quisiera hacer de la Hermandad, en los próximos años, un núcleo indisoluble fundamentado en las tres virtudes teologales: fe, esperanza y caridad.

Sin fe, no sólo no habrían sido posible esos proyectos pasados y sin esperanza no podremos encauzar los venideros. Perseveramos, con esperanza, y no permitamos deshacer el trabajo realizado ni suprimir actos; primero, porque nos debemos a Nuestra Sagrada Titular, Nª Sª de Guadalupe y segundo, por respeto y cariño a aquellos que contribuyeron a engrandecer la vida de Hermandad. No olvidemos nunca, que gracias a la programación de cultos y actividades lúdicas o culturales, se unieron a nosotros muchos de los paisanos y no paisanos que incorporamos con enorme cariño a este grupo, entrando a formar parte de gran familia ubetense-sevillana. El mejor futuro de la Hermandad estará, sin duda, en continuar alimentando esa ilusión con ideas y revulsivos que involucren y atraigan más a muchos.

La caridad, tan necesaria en nuestros días no sólo en el sentido literal de contribuir a satisfacer las necesidades temporales de todo el que lo necesita, sino en el sentido Paulino de la epístola a los Corintios: caridad, entendida como amor. Tan simple y tan fácil; tan complejo y difícil al mismo tiempo. En una Hermandad, como en cualquier institución formada por hombres y mujeres, se cometen errores. Abramos las puertas y estemos más atentos a todo lo que afecta a la vida de Hermandad; es decir, no preocuparnos tanto de la Junta de Gobierno y sí del Gobierno de la Junta.

El seguir cuidando los cultos, no como mero escaparate externo, sino como la relación entre el misterio creído y celebrado que se manifiesta de modo peculiar en el valor teológico y litúrgico de la belleza. En palabras del Papa Benedicto XVI, “veritatis splendor” (esplendor de la verdad), entendido no sólo como algo estético sino también como la manera en que nos llega, fascina y cautiva la verdad del amor de Dios en Cristo.

La belleza de la liturgia como parte del misterio, añade el Santo Padre: “es expresión eminente de la gloria de Dios. La belleza, por tanto, no es un elemento decorativo de la acción litúrgica; es más bien un elemento constitutivo, ya que es un atributo de Dios mismo y de su revelación”.

Otro objetivo importantísimo será, servir de testimonio para aquellos que no están cerca de nosotros, para los que alejaron un día y no volvieron, para los que siguen convencidos en la inutilidad de instituciones laicales como son las Hermandades y cuestionan su existencia. En una dictadura del relativismo, donde nos e reconoce nada como Credo definitivo, apoyemos sin fisuras a la Iglesia y a sus ministros. Y borremos en nosotros aquello que nos separa, diluyendo en un espeso mar de hipocresía, nuestro más profundo sentimiento de amor a Dios.

Por todo ello, Señora, alabamos contigo a Dios por haber podido compartir treinta y ocho años juntos en Sevilla. Como una verdadera historia de amor –que se precie de serlo- existen momentos buenos y otros no tan buenos, que sin duda habrán reforzado nuestra incondicional adhesión a tu inmaculado corazón. Es que, en Sevilla, en Barcelona, en Madrid, en Santa Eulalia y Úbeda, Virgen de Guadalupe, todas las generaciones te felicitarán porque el Poderoso ha hecho obras grandes en ti por ser “Toda pulcra, sin mancha”.

Debo terminar. Construyamos y evitemos destruir y demos gracias por tanto recibido, porque el Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres.

Que esta hermosa historia de amor, entre nosotros ubetenses-sevillanos y tú, Guadalupe del Gavellar, se prolongue durante muchos años y vayamos siempre en tu busca, ya que por ti llegaremos al que todo lo puede; al principio y fin, alfa y omega de toda nuestra existencia. A Él, gloria y honor eternamente.

Angelines Martínez Cardosa. Hermana Mayor.

Publicado en “Guadalupe del Gavellar”, revista de la Real Archicofradía. Diciembre 2008

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